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El siguiente es un fragmento de Fedón o del Alma.

- (...) cuando se admite un razonamiento como verdadero sin saber el arte de razonar sucede que más tarde parece falso, séalo o no lo sea, y diferente de él mismo; y cuando uno ha contraído el hábito de disputar, sosteniendo el pro y el contra, se cree al fin hombre muy hábil, y se imagina ser el único que ha comprendido que ni en las cosas ni en los razonamientos hay nada de verdadero ni de seguro; que todo está en un flujo y reflujo sin interrupción, como el Euripo y que nada permanece ni un solo momento en el mismo estado.

- Es la pura verdad.

- Cuando hay un razonamiento verdadero, sólido, susceptible de ser comprendido, ¿no sería una desgracia deplorable, Fedón, que por haberse dejado llevar de estos razonamientos, en que todo aparece tan pronto verdadero como falso, en lugar de acusarse a sí mismo y de acusar a su propia incapacidad, vaya uno a hacer recaer la falta sobre la razón, y pasarse la vida aborreciendo y calumniando a la razón misma, privándose así de la verdad y de la ciencia?

- Sí, eso sería deplorable, ¡por Zeus! - dije yo.

- Estemos, pues, en guardia - replicó él -, para que esta desgracia no nos suceda; y no nos preocupemos con la idea de que no hay nada sano en el razonamiento. Persuadámonos más bien de que somos nosotros mismos los autores de este mal, y hagamos decididamente todos los esfuerzos posibles para corregirnos. Vosotros estáis obligados a ello, tanto más cuanto que os resta mucho tiempo de vida; y yo también me considero obligado a lo mismo porque voy a morir.

Tomado de: Platón: Diálogos.
Sección: Fedón o del Alma.
Pp. 105 - 106.
19ª edición, mayo 2001. Editorial Edaf.

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